Anna Casanovas

Escritora, convencida de que existen los finales felices. Librianna es mi lugar especial, ¿quieres conocerlo?

Posibilidades: por fin (capítulo 6)

Aquí tenéis un nuevo capítulo de Posibilidades, la historia de Óscar y Valentina se está complicando y las de sus amigos también. Os confieso que ya forman parte de mi vida y espero que también un poquito de la vuestra.

Si acabáis de descubrir Posibilidades con este post, leed los capítulos anteriores (están todos en el blog) antes de continuar 😉

Posiblidades: por fin

Capítulo 6

Llevaba días sin dormir apenas, así que cuando aquella mañana sonó el despertador Óscar escondió la cabeza tras la sábana y se preguntó una vez más a qué se debían esas noches de insomnio. Había decidido poner punto y final a sus cábalas, nada le iba mal, era absurdo que siguiera con aquel nudo en el estómago y que no fuera tan feliz como se suponía que debía ser. Como fingía estarlo frente a los demás.

Salió de la cama y se metió en la ducha, dejó la mente en blanco mientras intentaba que el agua se llevase consigo aquel malestar. Era jueves, le esperaba un día ajetreado en el trabajo y después había quedado con Paloma para ir a cenar y a un concierto en la playa. Iba a ser un buen día. Iba a ser un buen día, quizá si se lo repetía acabaría siendo cierto.

Una consecuencia más de aquel extraño estado de Óscar era que estaba más despistado, parecía incapaz de centrarse en el aquí y el ahora como si su mente y su cuerpo supieran que tenían que estar en otro lugar, en otro momento. Él, que nunca había creído en supersticiones ni historias mágicas, lo explicaba diciendo que tenía muchas cosas en la cabeza; el trabajo, ayudar a Héctor con lo de su padre, seguirle el ritmo a Ricky, sus padres y ahora Paloma. Paloma, sonrió al pensar en ella. Hacía ya un par de meses que se veían y le gustaba estar con ella, era inteligente, divertida y cuando se veían esas incertidumbres desaparecían un poco. Ella seguía ocupada con su trabajo, a menudo quedaba con sus amigas y hasta el otro día ninguno de los dos había insinuado que quisiera inmiscuirse en esas facetas del otro. Había sido Paloma, ellos dos se habían conocido a través de Alice, la prima de Óscar, así que quedar con ella y su recién estrenado marido no lo había considerado nada especial y lo habían hecho un par de veces, pero el lunes de esa semana Paloma le había invitado a acompañarla a un fin de semana con sus amigos.

-Será el sábado, estarán todos, hasta el domingo por la noche -le había dicho frente al portal de casa de ella-. Alquilamos la casa rural hace tiempo, es una especie de tradición. Pasamos un fin de semana juntos, es un poco ridículo. No te engañaré. Recordamos el instituto, cosas así, hacemos una barbacoa que siempre acaba en desastre, ya te lo puedes imaginar.

-Me lo imagino. -No había sabido qué más decir.

-Genial.

Paloma había dado por hecho que él aceptaba y Óscar no la había corregido porque tampoco tenía ningún motivo por el que no acompañarla a esa casa rural y conocer a sus amigos. Héctor y Ricky le habían dejado claro que esperaban conocerla pronto y Óscar se estaba quedando sin excusas para no presentársela. Ni él sabía por qué no se la presentaba.

Palpó los bolsillos para asegurarse de que llevaba las llaves, no podía volver a olvidárselas, y soltando un taco volvió al dormitorio en busca del móvil. Estaba justo donde lo había dejado anoche, encima del cuaderno amarillo de aquella desconocida a la que llevaba casi medio año sin ver, al menos en el mundo real, porque en sus sueños la veía constantemente.

Ese era el verdadero motivo por el que no dormía o mejor dicho dormía y no descansaba. Se pasaba las noches atrapado en algo que no sabía si eran sueños o pesadillas porque esa chica, la chica del metro, estaba allí y aunque los dos intentaban encontrarse nunca lo lograban. Miró el cuaderno furioso, todo aquello era absurdo y si seguía así acabaría poniéndose enfermo. Quizá ya lo estaba, quizá estaba buscando excusas para no dar una verdadera oportunidad a lo suyo con Paloma, quizá tenía miedo de asumir que se estaba haciendo mayor, que sus amigos y él mismo ya no eran unos niños y tenían problemas y responsabilidades. Quizá tenía miedo de aceptar que a menudo las cosas no salen como esperamos y eso está bien porque quizá lo que esperamos no es lo que necesitamos.

Pero por más razones que se daba a sí mismo, por más motivos que listase uno tras otro, uno tras otro, sobre por qué era una locura que siguiera obsesionado con esa chica no podía evitar soñar con ella. Tal vez despierto lo conseguía, sí, durante el día a penas pensaba en ella. Claro que en las últimas semanas había modificado su vida para conseguirlo: ahora ya nunca visitaba las paradas de metro donde la había visto y si podía evitarlo ni siquiera utilizaba esa línea. El cuaderno, sin embargo, seguía en su mesita de noche y cada día pasaba página tras página hasta llegar a su preferida.

-Basta, Óscar. BASTA.

Cogió el móvil y se lo metió en el bolsillo, después cogió el cuaderno. Podía bajarlo a la calle y lanzarlo al interior del contenedor azul que había en la esquina. Se le retorció el estómago, abrió el cajón y lo dejó caer dentro. Lo cerró con tanta fuerza que la mesita de noche se tambaleó y el par de gafas de repuesto que tenía allí encima cayeron al suelo.

*****

-¿Todavía no te has adaptado al cambio de horario?

-Llevo aquí meses, Penélope, por supuesto que me he adaptado, solo es que me cuesta dormir. Ya lo sabes.

A Valentina le encantaba hablar con su hermana por Skype, así podía ver a su sobrina, pero si cada vez que se veían iba a decirle que tenía mala cara o que las ojeras estaban a punto de llegarle al suelo iba a sugerirle que se llamasen por teléfono.

-Mira, tengo una idea, vuelve a casa y te quedas con la niña, seguro que te dejará k.o y podrás dormir… y yo también -suspiró-. Necesito descansar. ¿Cómo va todo?

-Bien, muy bien -le aseguró, no tenía intención de preocuparla-. Esta noche nos llevan a un karaoke.

-¿Nos?

-A Elias y a mí. Para, Pe, para. No te hagas ideas. Solo somos amigos.

Penélope enarcó una ceja.

-¿Y de quién es culpa eso? De Elías no, eso seguro. Os vi en esa fiesta antes de que os fueras, ¿te acuerdas? Y saltaban las chispas.

-Ves demasiadas películas románticas.

-Y tú demasiado pocas. Además, tienes que distraerme, es tu obligación. Te llamo para que me cuentes lo trepidante que es tu vida en Japón, lejos de casa, con un trabajo interesante y un tío bueno que babea por ti.

-Elías no babea y el trabajo es igual de interesante que si estuviera en Barcelona.

-Veo que no has dicho que no está bueno. Me conformo con eso. Cuéntame más.

Valentina se rió y cambió de tema y Penélope se lo permitió porque la pequeña reclamó su atención y tuvo que terminar la llamada. Minutos después, de camino al trabajo, Valentina se preguntó qué le habría dicho su hermana si le hubiese contado que el motivo por el que no podía dormir era porque se pasaba horas dibujando a aquel chico del metro.

*****

El grupo no cantaba del todo mal y las estrellas iluminaban la noche cálida. Óscar y Paloma estaban sentados en la arena, encima de una toalla que ella había traído para la ocasión. Había antorchas colocadas estratégicamente para señalar la zona reservada y en el mar se veían las luces de un par de barcas pescando y las siluetas de unos cuantos surfistas temerarios.

-¿De qué me dijiste que conocías al cantante?

-Es el hermano mayor de una de mis amigas, de Mónica, la conocerás este fin de semana. Ella me regaló las entradas.

-No son malos -dijo Óscar sonriéndole.

-No, Mónica me ha contado que a Félix le han hecho una oferta para ser profesor de canto en un reality.

-¿Y ha aceptado?

-No, qué va -Paloma señaló al chico que cantaba-, Félix se volvería loco en la tele.

El grupo terminó la última canción, había actuado en una pequeña tarima de madera que habían construido en la arena para aquel festival y Félix saltó cuando cesaron los aplausos y fue a saludarlos. Abrazó a Paloma y después le tendió la mano a Óscar. Charlaron unos minutos, hasta que les dijo que tenía que reunirse con el resto de la banda y se despidió de ellos.

-Es simpático -señaló Óscar ya en la calle.

-Eh, no lo digas como si te sorprendiera. Mis amigos son simpáticos.

Entonces Paloma se detuvo.

-¿Por eso estás así? ¿Porque crees que te aburrirás este fin de semana si los conoces? ¿O es porque no quieres conocerlos?

Óscar titubeó y Paloma se dio cuenta. Cómo podía explicarle lo que le pasaba.

-No, no es eso.

-Pues qué es. Llevas días ausente, estás aquí y eres encantador, pero es como salir con un autómata. Si no quieres acompañarme este fin de semana a la casa rural, no pasa nada. Si estás preocupado por algo, estoy aquí. Cuéntamelo.

¿Y qué iba a contarle? ¿Que ella era fantástica y que le gustaba pero que al mismo tiempo sentía como si no debiera estar con ella, como si tuviera que esperar a otra persona? Llevaban poco tiempo juntos y a pesar de las dudas de Óscar si algo tenía claro era que Paloma no se merecía que jugase con ella ni que la mintiese o utilizase como sustituta. ¡Se estaba comportando como un cretino con ella y tenía que dejar de hacerlo!

-Lo siento. Siento haber estado ausente, he estado dándole vueltas a algo.

-¿A qué? ¿Te ha sucedido algo en el trabajo o con tus amigos?

-No, bueno, el trabajo es trabajo, siempre suceden cosas, y ya te conté lo del padre de Héctor. Ricky y yo estamos haciendo todo lo que podemos para ayudarle y estar a su lado.

-¿Quieres estar con él este fin de semana, es eso? Por mí no…

-No, no es eso. Este fin de semana Héctor está fuera y su hermano se queda a cargo de su padre. -Óscar fue completamente sincero-. Me gustas, Paloma, y hacía mucho tiempo que no estaba tan a gusto con alguien.

-¿Por qué suena como si fueras a añadir un pero?

-No hay ningún pero. -Comprendió Óscar de repente-. No hay ningún pero.

Paloma estaba allí, frente a él, se habían reído juntos durante la cena y el concierto en la playa había sido genial. Ella había empezado a presentarle a sus amigos y él, si dejaba de comportarse como un cretino, tenía que hacer lo mismo. La chica del metro había desaparecido de su vida y tarde o temprano desaparecería también de sus sueños.

Óscar le sonrió a Paloma y levantó una mano para acariciarle la mejilla.

-No hay ningún pero.

-Me alegro -sonrió ella.

Y él la besó.

No pasó la noche con Paloma, pero por primera vez ella le preguntó si le apetecía subir a su apartamento. Tras aquel beso Óscar se había prometido dar una verdadera oportunidad a esa relación y quizá ella lo había visto en sus ojos porque hasta esa noche nunca le había invitado.

-No puedo, mañana tenemos una reunión en el trabajo y -Óscar había notado que se sonrojaba- y no quiero tener que irme.

La sonrisa de ella y un último beso lo habían acompañado de vuelta a casa, donde se tumbó en la cama y se puso a dormir sin abrir el cajón de la mesilla de noche y sin abrir aquel cuaderno amarillo.

Soñó con ella igualmente, se despertó sudado y con un grito atrapado en la garganta. Le temblaban las manos, era incapaz de recordar qué había sucedido en la pesadilla, pero lo único que consiguió tranquilizarlo fue perderse en los dibujos del cuaderno. El alba lo descubrió pasando los dedos repetidamente los trazos que esa desconocida -aunque él ya no la sentía así- había dibujado meses atrás.

Llegó al trabajo un poco antes de lo habitual y puso en marcha el ordenador. Hacía días que no recibía ningún correo de Valentina, la especialista en colores que trabajaba en Japón, y echaba de menos esas conversaciones. Nunca había hablado con ella por teléfono, pero para él los emails que se intercambiaban eran eso, charlas que bien podían pasar de un tema absurdo a otro trascendental. Ella le había dicho que echaba de menos la ciudad y días atrás Óscar le había adjuntado en un correo fotos de un par de calles que había descubierto en el barrio. Él le había dicho que no podía dormir, que tenía pesadillas, y ella le había mandado el enlace de una lista con los TED Talks más aburridos para ver si así conciliaba el sueño.

Es una broma, pero quizá te ayuden. ¿Por qué tienes pesadillas?

Óscar había dejado esa pregunta sin responder. Quizá Valentina le había escrito de nuevo, lo último que había sabido de ella era que la habían convencido para ir a un karaoke y seguro que tenía alguna anécdota divertida que contarle. Nada, la bandeja de entrada estaba vacía.

-Buenos días, Óscar -lo saludó un compañero-, ¿vienes a la reunión?

-Sí, voy en seguida.

Fue a por un café y con la taza en la mano entró en la sala de reuniones. Era nueva, como todo en ese edificio, y había un televisor enorme en la pared del fondo que utilizaban para hacer presentaciones y también cuando como esa mañana mantenían una reunión con alguna otra empresa. Así se veían las caras, bromeaba siempre su jefe y todos le reían la gracia.

Lo primero que oyó fue el sonido de la taza rompiéndose al golpear el suelo y un par de gotas de café le quemaron la piel de la mano.

-¡Óscar! ¿Sucede algo, estás bien?

-¡Óscar!

No podía moverse, no podía respirar y tenía miedo de parpadear porque si lo hacía quizá ella desaparecería.

-¡Óscar! -Pilar, la jefa de producción lo zarandeo por el hombro-. Contesta.

Por fin reaccionó y giró la cabeza hacia ella un segundo, lo más rápido que pudo, para asentir y volver a mirar la pantalla. Ella seguía allí, sentada en un ordenador que quedaba en el margen derecho casi fuera de foco, pero era ella. La chica del cuaderno amarillo.

-Estoy bien, Pilar. -Se apartó de ella, seguro que parecía un loco, y caminó hasta la pantalla-. ¿Quién es esa chica? -Todos lo miraban atónitos-. ¿¡Quién es!?

Ramón, el jefe, decidió hacerle caso, probablemente para ver si así lo tranquilizaba y se dirigió al micrófono. Todavía no había entendido que no hacía falta, que le oían sin necesidad de acercarse tanto.

-Helga, perdona un segundo, ¿podrías decirle a esa chica que está detrás que se acerque? Óscar pregunta por ella.

Helga, igual de confusa, se dio media vuelta y llamó a la chica. Esta levantó la cabeza, había estado agachada trabajando en algo, y se quitó los cascos. Óscar la vio arrugar el cejo y le temblaron las rodillas al identificar el gesto, el mismo que hacía cuando dibujaba en el metro. Él seguía de pie frente al enorme televisor y tenía la mirada fija en cada gesto de esa chica, la vio sonreír y dejar los auriculares en la mesa. Se alisó la falda al levantarse y caminó hasta detenerse frente a la pantalla de Helga. Seguía sonriendo cuando se sentó en la silla de Helga, porque esta insistió, y cuando miró hacia la pantalla sin saber qué se encontraría en el otro lado.

Se le agrandaron los ojos, durante unos segundos su rostro pareció insuficiente para contener tanta sorpresa. Y alegría. Levantó la comisura derecha del labio y acercó dos dedos a la pantalla.

La voz de Helga se entrometió en aquel instante casi mágico, Óscar estuvo a punto de gritarle y pedirle que se fuera. Solo quería verla a ella.

-Bueno, aquí está Valentina.

Valentina.

Tendría que haberlo sabido.

Lo sabías

-Eres tú. -Óscar solo podía decir eso-. Valentina.

-¿Estás bien, Óscar? -Ramón le tocó la espalda. Seguía tenso e inmóvil frente al televisor, con la camisa y los pantalones manchados de café y comportándose como si hubiese perdido la cabeza.

-Óscar -Valentina repitió su nombre desde la pantalla-. Eres Óscar.

Se habían encontrado y estaban a miles de quilómetros de distancia.

 

Hasta aquí este capítulo de Posibilidades, ¿qué creéis que sucederá ahora? Valentina está en Japón y Óscar en España. Y no solo los separan miles y miles de quilómetros, sus vidas, aunque por fin se han cruzado van a seguir caminos distintos… o quizá no tanto.

Gracias por leer y por pasaros por aquí, nos vemos de nuevo muy pronto ♥

 

6 comentarios el “Posibilidades: por fin (capítulo 6)

  1. Prados Caja
    agosto 13, 2020

    Ainsss, me encanta!!! No creo que sus caminos se separen tanto, y más ahora que conocen más datos sobre ellos: ya saben su nombre, donde trabajan… Por mucho que quieran, terminarán buscándose más que alejándose.

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  2. Cris
    agosto 13, 2020

    Menos mal! Ya pensaba que no se conocerían nunca! Por favor, queremos ya el siguiente capítulo!!

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  3. Bea
    agosto 13, 2020

    Ay!! Cada vez se me hace más corto! Estoy enganchada. Deseando conocer más de la historia. Enhorabuena

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  4. Alicia
    agosto 14, 2020

    Me encanta! No nos dejes mucho tiempo sin saber cómo continúa la historia! ❤️❤️

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  5. Maria Alejandra
    agosto 14, 2020

    Me morí…. Y justo que el empezó a sentirse más serio con Paloma…. Impacienteeeeee

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  6. Pepa
    agosto 29, 2020

    ¡Lo importante ya ha pasado! Y por fin podemos respirar tranquilas, la magia ha empezado 😉
    Un besote

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