Anna Casanovas

Escritora, convencida de que existen los finales felices. Librianna es mi lugar especial, ¿quieres conocerlo?

Booktubre, te quiero, sé bueno conmigo. Hola, Martina y Leo.

El final del verano siempre me produce desasosiego y no en plan inglesa victoriana que tiene que abanicarse, sino en plan chica desquiciada que está a un punto de tener un ataque de nervios. Me agobia ver que no he conseguido hacer ni la mitad de la mitad de la mitad de las cosas que me había propuesto durante estos meses, objetivos que en un principio no eran nada realistas, para qué engañarnos, pero que en septiembre me parecen de lo más necesarios y vitales. Los anuncios de coleccionables en la tele y los folletos de gimnasios que aparecen en el buzón no ayudan y la logística que rodea “la vuelta al cole” es agotadora. Este septiembre, además, se ha publicado mi nueva novela, “Vanderbilt Avenue”, así que mi desasosiego (no me puedo creer que esté utilizando esta palabra) ha aumentado considerablemente. Pero la cuestión es que creía tenerlo controlado, estaba escribiendo mucho y en casa nos estábamos adaptando a la rutina, hasta que en cuestión de días a Olivia han tenido que hacerle las pruebas de intolerancia a la lactosa, a la fructosa y de la celiaquía (sé que no es grave), Marc ha tenido que llevar el coche al taller, se nos ha estropeado la lavadora, la secadora y el lavavajillas a la vez -en serio- y nos han invadido las hormigas. Y para rematar mi ya moribundo optimismo, hace pocos días leí un comentario de una chica quejándose, muy desafortunadamente, del tamaño de letra de uno de mis libros como si yo pudiera hacer algo al respecto.

En resumen, que esta última semana de septiembre la vida no me ha dado para más y, aunque sé que la petarda número dos de casa estará en forma en un plis, que las averías vamos a solucionarlas y que a mí dejarán de afectarme los comentarios no constructivos y las insinuaciones mal intencionadas, hay días en que me gustaría borrarlos y volver a escribirlos.

 

Lavadora literariamente reparada

Lavadora literariamente reparada, ojalá fuera la mía

Y dado que no puedo reescribir el mundo real, escribo historias imaginarias y tengo tanto que contarte que he pensado que tal vez te gustaría leer un poco sobre Martina, la pequeña de los hermanos Martí, y Leo. No sé si lo conseguiré, pero entre los objetivos que me quedan por cumplir este año uno es buscarle hogar a esta novela tan especial (y también a uno de mis chicos de “Malditos Bastardos”).

Martina y Leo

“La casa está casi al borde del acantilado, es tan típica y tan dramática que tengo que detenerme unos segundos. No puedo volver a enfrentarme a él con las emociones en estado de emergencia. Esta casa no se parece a la casa con la que yo soñaba en encerrarme para escribir. No, qué va, no se parece. Es idéntica. Parece sacada de mi imaginación. Y él lo sabe, el muy cretino, imbécil, cruel y maldito Leo lo sabe. Pero no voy a darle el gusto de entrar alterada, ni de gritarle como hice ayer.

-Eres una profesional.

Claro, decírmelo a mí misma plantada frente al coche que he conducido hasta aquí sin matarme de milagro es fácil. Cojo aire, cierro las manos alrededor de la cinta de la bolsa del ordenador que llevo colgada en bandolera y doy el primer paso. Oigo unas ovejas y veo una bola peluda cerca del muro cubierto de enredaderas. <<Voy a matarlo. No, Martina, no. Vas a mostrarte indiferente>>.  Sale humo por la chimenea, si hay una chimenea con el fuego encendido, le arranco la cabeza. Respiro, levanto la mano para golpear la puerta de madera y él la abre antes de que la roce.

Tiene el pelo mojado y no se ha afeitado, lleva los mismos vaqueros que ayer y un jersey de lana negro. Y los pies descalzos. <<No le mires los pies>>. Llego unos minutos antes y probablemente le he pillado vistiéndose.

-¿Estabas espiándome por la ventana? -Sueno enfadada. Mierda. Se suponía que iba a actuar con indiferencia. Carraspeo y le miro como si fuera insignificante y no me hubiese tragado la lengua al ver esa gota de agua resbalándole por el cuello-. Ni siquiera he llamado a la puerta.

-He oído el motor del coche-. Aprieta la hoja de madera-. Y a la oveja. Es mejor que cualquier perro guardián, bala siempre que se acerca alguien. ¿Por qué iba a estar espiándote por la ventana? -Da un paso hacia atrás-. Vamos a pasar todo el día juntos.

-Por trabajo.

-Por supuesto, ¿acaso he insinuado lo contrario? -Si las miradas matasen, Leo estaría ahora mismo en el suelo desangrándose. No deja de sonreírme-. ¿Vas a entrar o quieres que hablemos aquí fuera? A mí no me importa, yo ya me he acostumbrado, pero tú acabas de llegar.

-Voy a entrar. Necesito el ordenador y la grabadora.

Doy un paso con cuidado de no tocarle y él se ríe. Finjo no oírle porque en la editorial no se tomarían nada bien que rompiese el ordenador en la crisma de su fichaje estrella. Durante un instante el enfado me impide ver el interior de la casa, pero me tropiezo con un montón de libros que hay en el suelo y no tengo más remedio que fijarme donde estoy. Leo se agacha junto a mí y recoge los libros.

-Lo siento -susurra demasiado cerca.

Tiemblo y cometo el error de bajar de nuevo la vista y mirarle. Él sujeta los libros entre las manos, el que hay encima es una edición preciosa de Persuasión, y se levanta. No se aparta, se queda justo donde está y ni siquiera parpadea.

-¿Te gusta la casa?

Le odio.

Arrugo las cejas antes de contestarle y dar un paso hacia atrás.

-¿Dónde puedo sentarme?

Leo vuelve a acercarse a mí, veo cómo aprieta los dedos en los lomos de los libros y por un segundo pienso que va a dejarlos caer para sujetarme a mí. No quiero que lo haga, tengo miedo de mí misma si lo hace. <<No lo hagas, por favor>>. Leo me mira, me mira como solo él sabe hacerlo y suelta el aire por entre los dientes. Retrocede, me fallan las rodillas. Él deja los libros en una mesa de madera y se da media vuelta. De espaldas a mí, dice:

-Instálate donde quieras, yo voy a ponerme los zapatos.

-De acuerdo.

Desaparece tras una puerta que hay al lado de la chimenea y aflojo los dedos que he mantenido cerrados alrededor de la cinta de la bolsa. Respiro profundamente, lo que resulta ser un grave error porque el recuerdo del jabón con el que se ha duchado Leo se cuela en mi interior. Sacudo la cabeza enfadada y me acerco a la mesa. Es preciosa, está repleta de imperfecciones y al observarla de cerca veo que es vieja, parece parte de algo más, como de un establo o de una antigua casa. Ha sido restaurada con cariño y queda perfecta en medio de esa habitación tan caótica. Dejo la bolsa encima y me quito el abrigo. <<Trabajo, estás aquí por trabajo. Piensa en tu objetivo final, acaba este encargo y podrás hacer realidad tu sueño>>.

Coloco el ordenador, un cuaderno y dos lápices. Busco el enchufe y cuando lo encuentro veo que encima de la mesilla que hay al lado, junto a una lampara preciosa, hay un adaptador. <<No lo ha puesto allí para ti, seguro que él también lo necesita>>. Preparo la grabadora, no creo que hoy me haga falta, pero me hace sentirme más profesional y para enfrentarme a Leo necesito toda la profesionalidad que pueda encontrar. La oveja vuelve a balar, sonrío y camino hasta la ventana. Por la carretera pasa la furgoneta de correos sin detenerse en casa de Leo. El mar está agitado, seis gaviotas vuelan por encima desafiando el viento. Veo a Leo reflejado en la ventana, se ha detenido bajo el umbral de la puerta y está observándome. Nuestros ojos se encuentran justo en las rocas donde golpean las olas y me cuesta respirar. A él también, puedo verlo. Ayer le amenacé con irme si volvía a hablar de nosotros y me creyó. Pero ahora mismo no le hace falta hablarme para decirme en qué está pensando. Yo estoy pensado lo mismo.

-Martina…

Tengo que detenerle.

-Ya estoy lista para empezar. -Me doy media vuelta y le miro con la sonrisa más falsa de la que soy capaz-. Creo que lo mejor será que me cuentes cómo quieres enfocarlo y que trabajemos a partir de allí.

-Voy a preparar té. -Se mueve furioso en la cocina que solo está separada del comedor por una barra americana-. ¿Tú cómo empezarías?

No puedo disimular que me sorprende la pregunta.

-No lo sé. -Elijo una butaca y abro el cuaderno-. Supongo que por tu trabajo como juez, es la parte más importante de tu vida.

Él sonríe cuando me entrega la taza de té.

-No lo es, pero de acuerdo. Empecemos por allí, por mi trabajo como juez.

Se sienta frente a mí, frente a la chimenea. Se pasa las manos por el pelo. Está tenso, muy tenso, y también muy cansado. Ayer no me di cuenta, pero ahora mismo es más que evidente. Tiene las ojeras marcadas y se le acentúan las arrugas en las comisuras de los labios cuando se aparta la taza.

-¿Lo echas de menos? -No puedo contener la pregunta.

-¿Ser juez? -Me mira intrigado-. No, dimitir es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

-¿Y la peor?

-Dejarte ir.”

Por cierto, a mí no suelen gustarme estas canciones tan optimistas, hacen que sienta como si estuviera inyectándome un libro de Paulo Cohello en vena, pero no puedo negar que ayer, después de escuchar esta canción y de llorar -porque sí, soy de la clase de persona que llora cuando se emociona- me puse a escribir y lo cierto es que le pega a Martina.

Adiós, septiembre, tu despedida ha sido de traca. Hola, booktubre bonito, sé bueno conmigo, quiero escribir (y leer) mucho ♥

 

 

 

 

 

 

 

14 comentarios el “Booktubre, te quiero, sé bueno conmigo. Hola, Martina y Leo.

  1. ros3r
    octubre 2, 2015

    Bona nit Anna!
    Yo también llevo unos días que pa’ que te cuento!
    Estoy a punto de acabar Vanderbilt y estoy intentnado que me dure ( almenos un tiempo razonable).Estoy súper emocionada por poder leer estas primeras líneas pero más aun de saber q no te olvidas de Malditos Bastardos. #BestBookEver
    Espero que tus dias mejoren y tranquila, yo he sufrido las hormigas hasta en los botes de miel!
    Un beso y adelante.

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  2. dilluns
    octubre 2, 2015

    Anna, no em deixis així! Publica’l, si us plau!

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  3. Andrea
    octubre 2, 2015

    En un ratito me latió a mil el corazón… Cuando podemos tener más de Martina y Leo???
    Anna me enamoré de nuevo con cada uno de los hermanos Marti… Felicidades
    Gracias por compartir tus historias 🙂

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  4. Beka October
    octubre 2, 2015

    Querida Anna! Un post precioso. Septiembre es el mes de las lavadoras, la nuestra tb murió 😉
    Respecto a los comentarios mal intencionados…por un lado debes acostumbrarte y por otro sería la gente la que debería saber comportarse…pero la cosa está difícil! Ya sabes que tiene que haber de todo en el mundo.
    Te debo muchas lecturas, las llevaré a cabo cuando esté mejor de pelas y te tendré informada! Ya sabes que eres una de mis imprescindibles!!!
    Suerte con las nuevas obras y me has dejado intrigada con Leo, Martina y esta casa-cabaña… Ummmm!!! Y yo no puedo escribir en ella?? 😉
    Un besazo enorme y mirada al frente y sonrisas!!!

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  5. Emulca
    octubre 3, 2015

    Bienvenida a la insoportable realidad de “septiembre”….
    Jajaja….
    A pesar de tus inconvenientes, para nosotras es bueno saber que aquell@s a quienes admiramos son ran humanos como nosotr@s mismos….
    Y en cuanto a Martina y Leo….
    Como nos haces esto???? Ahora quiero, necesito, la historia completa….
    En fin…..
    Habra que esperar…

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  6. Maricarmenmar
    octubre 3, 2015

    Holaaa!!! Me ha gustado tu post y encantado el fragmento de Martina y Leo. Qué ganas de tenerlo!!!
    En cuanto a las críticas, quédate con las q sean constructivas, porque el que la letra de uno de tus libros sea pequeña, para mí, no lo es.
    Adiós septiembre y bienvenido Octubre. Besos.
    PD: Ya saves que Vanderbilt Avenue me encantó!!! Bueno, todo lo que escribes me encanta!!

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  7. Montserrat
    octubre 3, 2015

    Hola Anna bona tarda 🙂

    Qué alegria empezar a navegar y poder comentar tu nueva entrada. La leí anoche de madrugada antes de dormirme, en el móvil y sin gafas (esos momentos que me creo que tengo vista a prueba de pantallas). Pues la canción a mi me encanta. Y a veces necesitamos canciones así. Agosto y Septiembre han sido como una subida al Tourmalet. Tengo unas ganas locas de hacer las vacaciones que me quedan. En Octubre. Seguramente no podré hacer todo lo que tengo en mente. Como acabar el inventario de mis libros: de momento 693 y varias cajas por abrir aún. Pero intento no pensar mucho en que no podré hacerlo todo. Me obsesiono con ello a veces.

    Nueva novela y otro espacio en la estantería para ella. Buscar casa para la nueva novela de Malditos bastardos es otra buena notícia para mi optimismo que estos días está un poco ausente. Si mi biblioteca no para de crecer definitivamente alquilaré un trastero extra grande. Espero que las averías esten arregladas lo antes posible y las pruebas de Olivia salgan bien.

    Decirte que al mirar tu instagram me encantó ver que eres fan de otoño como yo. Aunque este año tengo más ganas que en años anteriores de encerrarme en casa para leer. Sumando que cada vez veo menos televisión, me conecto menos a internet creo que estoy desarrollando un lado antisocial muy inusual en mí. No divago más porque a este paso te escribo un discurso 😛

    Una abraçada i molts ànims.

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  8. Tamara
    octubre 3, 2015

    Hola Anna!!
    Pues si debe ser el mes de las lavadoras a mi tmb se me rompió y la secadora tmb!!! Un desastre
    Pero lo que me ha gustado de este post es el fragmento de martina y leo!! Para cuándo???? La espera se hace muy larga!!!
    Aunque cualquier libro tuyo me parece bien!!!
    Ya los he leído todos y no sabría decirte cuál me gusta más!
    Felicidades y sigue escribiendo sin parar!!😜😜😘😘

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  9. Mar
    octubre 4, 2015

    Hola Anna!
    Tengo que reconocer que adoro septiembre, pero este año también se ha despedido con un arreglo en el coche que ha costado lo suyo; una pena. Me fascina la luz que hay al amanecer y a la puesta de sol.
    Me gustaría decirte que ya he leído (en dos días) Vanderbilt Avenue; que me ha tenido pegada a él desde el principio hasta el final; que me ha parecido una historia preciosa y que estoy deseando leer la historia final de la familia Martí (lo que acabo de leer ya me ha dejado con ganas de mucho más) y el siguiente libro de Malditos Bastardos.
    Mucho ánimo y que las Musas estén a tu lado para que pronto podamos “vivir” estas dos historias.

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  10. Jamila
    octubre 13, 2015

    Más que intrigada cuenta más no nos dejes así

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  11. Mar
    noviembre 22, 2015

    Hay Anna!! Mis amigas me dicen que me quejó mucho de como han tardado estos dos y su historia, pero se que las historias tienen su ritmo y que no podemos acelerarlas a nuestro gusto, así que, me afmo de paciencia y digo que nunca me desedpcinas, así puedo pasar la espera.
    Mi madre dice que no hay críticas constructivas, sólo críticas, yo creó que si ayudan es bueno recibirlas y si son malas hay que analizarlas bien, si podemos hacer algo, lo hacemos, si no… Ni modo.
    Me ha encantado el adelanto, esperó que estés bien y que puedas escribir bien y bonito. Tu admiradora Mar.

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    • Anna Casanovas
      noviembre 23, 2015

      Hola, Mariela
      Gracias por escribirme y por pasarte por aquí. No te preocupes por quejarte, la verdad es que tienes algo de razón, he tardado mucho en escribir la historia de Leo y Martina. La buena noticia es que casi está y que espero poder contarte más detalles sobre ella muy pronto. Besos y recuerdos a tus amigas 😉

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      • Eliza
        julio 6, 2016

        Ana leo todo absolutamente todo lo que escribes pero vamos que me estás matando con la historia de Martina y Leo!!!! Dame una luz, una esperanza, una fecha aproximada…..

        Me gusta

  12. Mª José
    marzo 30, 2016

    POR FAVOR….QUIERO MÁS

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Esta entrada fue publicada en octubre 2, 2015 por en Mi inspiración, Mis novelas, Peripecias, Propósitos y etiquetada con , , , , , , .

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